El lenguaje sostenible

A lo largo de la historia el hombre ha ido desarrollando técnicas, que llevan a mejorar su producción e incrementar la eficiencia para lograr cubrir con la demanda de su clientela.

En este entendido, luego de la revolución industrial y mucho más desde la globalización, los aportes ya no son sólo en equipos, líneas de producción, si no en el cambio de perspectivas en cuanto a la producción o en cuanto a la forma de hacer negocios.

Entre estas perspectivas se encuentran aquellas, que son contempladas en los diferentes planes de desarrollo, como ser la inclusión, la equidad, la responsabilidad, el cambio climático, el medioambiente, entre otros.

En la actualidad, tomar en consideración temas como la sostenibilidad es estratégico para el impulso de la empresa, tanto en la imagen, como en la eficiencia y la reducción de costos.

En este impulso de alinear la producción y productividad de las empresas hacia la sostenibilidad, vamos adoptando un lenguaje técnico, que más allá de uniformar conceptos o demostrar conocimiento sobre la sostenibilidad, tienen el propósito de clasificar las acciones que deben ser consideradas como sostenibles al realizar inversiones y distinguirlas de aquellas, que más que nada apuntan a “ganar” visibilidad sin realmente generar un impacto. A éstas últimas se las conoce como “greenwashing”.

Al hablar de sostenibilidad, lo primero que debemos tener en cuenta es, que los recursos son limitados. Al hablar de recursos, nos referimos a alimentos, insumos, materia prima, etc. Todo aquello, que venga de la naturaleza, termina siendo limitado. El crecimiento de la población apunta a que, en un futuro, estos recursos limitados no serán suficientes como para satisfacer las necesidades de todos. Por lo tanto, la primera estrategia que se tiene que ver es la de distribuir de forma eficiente los recursos, como para que todos puedan beneficiarse de los mismos. Y esta distribución no puede ser tomada en cuenta para las poblaciones presentes, si no para las generaciones futuras. Es decir, satisfacer el consumo presente, sin sacrificar el consumo futuro.

Por otro lado, la sostenibilidad, desde la perspectiva de desarrollo, debe contemplar tres aspectos clave, que son: la economía, el bienestar social y el medioambiente, todo en el marco de la transparencia y la gobernanza. Es decir que, más allá de la responsabilidad, la sostenibilidad se convierte en un tema estratégico de inversiones, si se lo ve desde la perspectiva empresarial.

Al hablar ya de transparencia y de inversiones responsables, entramos a un tema, que a todos nos interesa y del que escuchamos hablar, pero del que no sabemos mucho o nada. Se trata de la taxonomía. A pesar que, este es un tema que, aparenta tan sólo la alineación de términos bajo un mismo techo, en este caso el medioambiental, en realidad se trata de una necesidad, que apunta a generar inversiones responsables, respaldadas por estudios científicos y que generan un impacto positivo y real en la sociedad, cuyos indicadores y métricas sean medibles.

En este sentido, la taxonomía nos aleja de las inversiones, que apuntan a generar un “greenwashing” y nos acerca a buscar un impacto real en el medioambiente a través de las inversiones. Por lo tanto, no se trata de uniformar lenguaje, si no de uniformar pensamientos, que apunten al impacto positivo medible, responsable y transparente.

La responsabilidad, como parecería, no sólo apunta a la protección del medioambiente, si no, a la salud, a la estabilidad, a la protección del ser humano, así como del ecosistema y de la economía del mundo.

La taxonomía emerge, entonces, no sólo por el acuerdo de París y los compromisos por los países firmantes, si no, como un tema de importancia al entender que, las inversiones afectan al medioambiente y que, siendo responsables de nuestras inversiones, somos responsables directos no sólo de lo que se produce o se dota, si no del efecto causado por la producción, por la utilización de los productos o incluso de toda la cadena y ciclo de vida del producto, tanto hacia arriba, como hacia abajo. Adicionalmente, la taxonomía es un instrumento para alinear las inversiones sostenibles, así como para generar inclusión social, fomentando las inversiones responsables y sostenibles en empresas grandes, pequeñas y microempresas y emprendimientos.

Ahora nos podemos preguntar, ¿desde cuándo las inversiones de las empresas privadas son un tema de consideración en el momento de ver la taxonomía y el impacto ambiental? La respuesta, aunque pueda parecer obvia, tiene razones, que nos incumben a todos y no sólo a los empresarios. Como se dijo anteriormente, las inversiones generan movimiento productivo y fomento a la industria o a los servicios, por lo tanto y como cada una de las actividades humanas, generan un impacto, directo o indirecto, en el medioambiente, la sociedad y la economía. Asimismo, ya dejamos de ver que, el desarrollo es responsabilidad de unos cuantos o en su defecto del sector público y es necesaria la inclusión del sector privado para lograr cumplir o llegar lo más cerca posible a las metas establecidas en el Plan 2030 de las Naciones Unidas. En la década, en la que se habla de los ODS, se reconoce que todos y cada uno de los socios, actores, personas, somos corresponsables en el impacto al medioambiente, así como en el clima. La aceleración en el calentamiento global se debe más que nada a la actividad humana.

Hoy en día se evidencia que el sector privado, así como la banca, son más conscientes en cuanto a las inversiones verdes y a las sostenibles y la necesidad de apoyar a los emprendimientos verdes y sostenibles. Por lo expuesto, los bancos en el mundo se van adhiriendo a las iniciativas impulsadas más que nada por el Pacto Global (entidad que fomenta y capacita al sector privado en cuanto a las inversiones responsables y el apoyo al alcance de los ODS desde una perspectiva de las NNUU), sin embargo, queda mucho por hacer. Aunque ya existe consciencia sobre la necesidad de generar inversiones sostenibles a todo nivel, aún son la minoría de las empresas, en especial del micro y pequeño sector, que están alineadas a la sostenibilidad y más aún, que cuentan con instrumentos, que les permitan monitorear y mejorar sus rendimientos sostenibles. Asimismo, entre las principales tareas, que quedan por reforzar, se encuentran: La concienciación de los altos mandos privados, reconociendo que, la sostenibilidad es una visión estratégica incluso para la reducción de los costos y el incremento de la eficiencia; el establecimiento de un lenguaje común que establezcan actividades y productos sostenibles con base científica; la promoción de la regulación y la transformación de los modelos de negocios hacia la sostenibilidad y la resiliencia, que lleva a que las empresas sean más adaptables y puedan enfrentar las crisis presentes y futuras; el impulso de la transparencia, en especial para los mercados financieros y la forma en la que se reportan, siguiendo los indicadores de impacto establecidos; la integración de las micro y pequeñas empresas en modelos de sostenibilidad, redirigir fondos hacia la inversión sostenible, que impulsen la cero emisión en todas las empresas.

Y en Bolivia, en la actualidad, que se quiere impulsar las inversiones verdes y sostenibles, en primer lugar, se debe reconocer, que estos dos términos, verde y sostenible, no necesariamente son iguales o indistintos, pero sí se relacionan. Mientras el término verde apunta al fomento de inversiones de apoyo al medioambiente, el término sostenible apunta al impacto medioambiental, al mismo tiempo que al impacto social.

Adicionalmente, el BDP y el Viceministerio de Medioambiente trabajan para poder establecer y definir una taxonomía para el país y así impulsar a las empresas a alinearse a las inversiones sostenibles y tomar en cuenta, cuáles son inversiones sostenibles y cuáles no lo son.

Conclusiones

La taxonomía es una clasificación técnica de términos, acciones y áreas para asegurar y diferencias las inversiones sostenibles de las llamadas acciones de “greenwashing”. Esta clasificación es un lineamiento para generar inversiones verdes y/o sostenibles.

La taxonomía es necesaria como una herramienta estratégica para la planificación de las empresas, para el impulso de éstas, para el incremento en su eficiencia y la reducción de sus costos, en el marco del impacto positivo al medioambiente y a la sociedad.

Más que una tendencia, debe ser tomada como una clave para la toma acertada y estratégica de decisiones en favor del beneficio empresarial, del impacto social y del impacto ambiental, de forma continua, sostenida y transparente.

Fuentes

La agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible – NNUU 2015; Finanzas Sostenibles y Agenda 2030 – Pacto Global España 2022

Artículo escrito por: Juan Pablo Alvarez Kawai