La factura que ves y la factura que realmente pagas

En tu empresa cada mes llegan dos facturas de luz.
La primera es la que recibes y que te muestra el consumo en kWh y en Bolivianos. Este monto lo pagas prácticamente a ciegas.
La segunda es la “factura escondida”, que no llega en papel, no tiene detalle, pero igual la pagas todos los meses. Esta factura corresponde a todo lo que consumes sin producir más, sin iluminar mejor y sin trabajar más rápido.
Como los ejecutivos de las empresas e industrias no somos especialistas en energía, intentamos resolverlo con intuición: cambiamos a LED, apagamos luces al mediodía, compramos un equipo más moderno. El problema es que nunca tenemos el dato que nos diga si esa medida tuvo un verdadero resultado y más aún si el mismo será duradero. Y ahí se nos va el dinero.
En industria, esa factura escondida casi siempre viene de 4 lugares:
1. El pico de 15 minutos que te condena 12 meses
Esta es la más cara y la menos conocida. En tarifa industrial y comercial (GD) no solo te cobran por la energía que consumes, te cobran por la demanda máxima, que es establecida una vez al año y para cuyo ajuste se tiene que esperar al momento preciso.
Estás pagando por una potencia que solo usaste una vez.
2. El factor de potencia: la multa por usar mal la energía
Si en tu planta tienes muchos motores, soldadoras, hornos o equipos de refrigeración, es muy probable que tengas un factor de potencia bajo. En simple: estás pidiendo a la red más energía de la que realmente conviertes en trabajo.
3. El sobredimensionamiento: el motor grande para el trabajo chico
Es el clásico de la industria nacional. «Por si acaso, compremos el motor de 20 HP». Ese motor de 20 HP trabajando al 30% de su carga consume hasta un 25% más que uno de 10 HP trabajando al 80%.
Tienes dos pérdidas: pagas más energía por producir lo mismo y aceleras el desgaste del equipo por trabajar fuera de su punto óptimo. Y esto en un tiempo lleva a un mayor consumo por falta de mantenimiento preventivo de los equipos.
4. El consumo fantasma industrial
No es solo el televisor en standby de tu casa. Es el compresor que queda presurizando toda la noche para una fuga en la red de aire, el horno que queda precalentando sin carga, la cámara frigorífica que abre y cierra 40 veces por turno, las luminarias del depósito prendidas 24/7.
Cada uno parece poco. Sumados son el 8% al 15% de tu factura.
Entonces, ¿cómo se lee la factura escondida?
No se lee en la factura. Se lee en tus datos.
Necesitas ver tu curva de carga en tiempo real: a qué hora se disparó la demanda, qué equipo provocó el pico, cuánto te cuesta esa fuga de aire comprimido por hora, cuánto estás pagando de multa por factor de potencia.
Un sistema de monitoreo te da los números y un especialista en energía te da la traducción.
Dejar de pagar la factura escondida no es comprar más equipos eficientes. Es entender por qué te están cobrando lo que te cobran y atacar la causa.
¿Ya sabes cuánto de tu factura actual es consumo útil y cuánto es desperdicio?
Artículo escrito por: Juan Pablo Alvarez Kawai
